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HABITAR LA MATERIA. ARTISTAS Y CREACIÓN CONTEMPORÁNEA

Entre el 22 de abril y el 7 de junio de 2026, podrá verse en el IAACC Pablo Serrano la exposición Habitar la materia. Artistas y creación contemporánea.

La exposición plantea un diálogo entre la obra de Juana Francés, figura fundamental en la renovación del lenguaje plástico en España, y un conjunto de artistas contemporáneas vinculadas a Aragón cuyas prácticas abordan, desde diferentes perspectivas, la relación entre materia, cuerpo e imagen.

En el trabajo de Juana Francés, la materia deja de ser soporte para convertirse en un campo de tensión donde el gesto, la textura y la densidad configuran una forma de pensamiento. Sus obras no representan: se construyen como presencia. Desde ese punto de inflexión, la exposición propone observar cómo esa intensidad matérico-gestual no solo ha persistido, sino que continúa reformulándose en el contexto actual.

Las artistas reunidas en este proyecto desarrollan prácticas en las que la materia se despliega en múltiples direcciones. La selección de artistas no responde a un criterio representativo, sino a una toma de posición curatorial en torno a la materia como campo de investigación activo en el presente. Lejos de plantear una genealogía cerrada, el proyecto articula un conjunto de prácticas que operan en distintos niveles —superficie, cuerpo, espacio y tiempo— y que encuentran en la materialidad un lugar de fricción, resistencia y construcción de sentido. La vinculación con Aragón no se plantea aquí como marco identitario, sino como contexto compartido desde el que estas investigaciones se despliegan, permitiendo situar la obra de Juana Francés no como antecedente histórico, sino como un núcleo desde el que leer críticamente el ahora.

En la obra de Prado Vielsa y Asun Valet, la superficie pictórica se convierte en un espacio de vibración donde la luz, el pigmento y la estructura generan tensiones entre lo visible y lo latente. Frente a ellas, Rebeca Zarza introduce el cuerpo como lugar de construcción, articulando imágenes en las que la forma y la arquitectura se entrelazan en equilibrio inestable.

En el espacio, la intervención de Carmen C. activa una dimensión física y procesual de la materia, trasladando la tensión del plano al volumen y situando al espectador en una relación directa con el peso, el equilibrio y la fragilidad. Por su parte, Laía Argüelles Folch desplaza la atención hacia el tiempo, dejando que la materia se transforme sin intervención, acumulando huellas que remiten a procesos de desgaste, memoria y duración.

Finalmente, el trabajo de Ira Torres introduce una fricción entre tradición y contemporaneidad, combinando técnicas clásicas con imaginarios visuales propios de la cultura digital, generando imágenes que oscilan entre lo matérico y lo virtual.

La exposición no propone una genealogía cerrada, sino un sistema de relaciones. En ella, la materia no es un elemento estable, sino un territorio en constante transformación donde se cruzan gesto, cuerpo y tiempo. En ese cruce, la obra de Juana Francés no aparece como antecedente, sino como un núcleo activo desde el que pensar el presente.

El espacio expositivo se organiza en torno a ese núcleo, desplegándose como un recorrido en el que las obras no se suceden de forma lineal, sino que establecen resonancias entre sí. La presencia de la luz, el vacío y la distancia entre piezas forma parte de esta construcción, reforzando una lectura en la que lo material se abre progresivamente hacia lo perceptivo y lo temporal.

La materia, lejos de agotarse, insiste. Permanece, se transforma y vuelve a aparecer en nuevas formas. Esta exposición propone detenerse en ese proceso.